Quien lo aprobó lo sabe

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Blog de Lengua Castellana y Literatura para 2º de Bachillerato

2º BACHILLERATO. SELECTIVIDAD

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Unamuno y Machado

He encontrado esta composición acerca de la relación de los dos autores en la página de "Nueva Acrópolis" Es muy interesante. 

MIGUEL DE UNAMUNO Y ANTONIO MACHADO

Miguel de Unamuno y Antonio Machado fueron dos seres humanos que compartieron ilusiones e ideas, pero pocos datos tendríamos de esta amistad, de esta vida compartida, si no hubiese llegado a nosotros parte de su correspondencia privada: las cartas que Antonio Machado dirigió a Don Miguel, testimonio de amistad y devoción.


Las preguntas y respuestas que se cruzan entre ellos se enclavan en los grandes temas de siempre de la poesía, y de la filosofía: el amor, Dios, la eternidad, el hombre, la verdad.... ¡La Verdad!, como decía Machado, no tu verdad, o mi verdad, sino la Verdad. Aunque tampoco es la verdad por la verdad, por la simple argumentación intelectual, replica Unamuno, eso es inhumano. El filósofo no solo filosofa con la razón, sino con la voluntad, con el sentimiento, con el alma toda y con todo el cuerpo. Las obras de estos dos escritores están cargadas de pensamiento y sentimiento.
La influencia que se ejercieron Unamuno y Machado es mutua. Machado creía que toda poética debía tener una filosofía, la suya era la de Unamuno. Esto no le resta originalidad a Machado, pues Unamuno sencillamente era el que planteaba los problemas, el aldabón que golpea la conciencia y Machado, por cuenta propia, buscaba soluciones a estos problemas, soluciones que Unamuno reutilizaba otra vez en sus artículos usando la perfecta expresión de la poética machadiana.


1.     EL NACIMIENTO DE UNA AMISTAD
Machado envió a Unamuno su primer libro de versos "Soledades", en 1903, con la siguiente dedicatoria: A don Miguel de Unamuno, al Sabio y al poeta. Devotamente: Antonio Machado. Unamuno no publicó su primer libro de versos hasta 1907 y curiosamente Machado ya le llama poeta. Parece ser que se conocieron alrededor del 1900.
Podríamos empezar dejando hablar a Unamuno: ¿qué idea tiene de la filosofía? Pues para él es más poesía que ciencia, decía: "La filosofía es una reacción al misterio de la realidad, concretamente al de la vida humana y su destino". La filosofía, como dice en el Del Sentimiento trágico, es un esfuerzo por racionalizar la vida y a la vez vitalizar la razón. "El hombre filosofa para vivir, la filosofía es un producto humano de cada filósofo y cada filósofo es un hombre que se dirige a otros hombres como él. Filosofa el hombre porque necesita saber a qué atenerse, qué ha de ser de él, consolarse o desesperarse de haber nacido..... El ser humano es el supremo objeto y sujeto de toda filosofía."
El punto de partida de su filosofía está en el apetito de perduración, un afán de inmortalidad, en el sentido de la tesis de Spinoza, según la cual, la esencia de una cosa consiste en su tendencia a perseverar en su ser indefinidamente. Dicho de forma unamuniana: Ser es querer seguir siendo siempre, lo que no es eterno no es real.
Es posible que en 1903 Unamuno le visitara para darle las gracias por el envío de Soledades, y por ello Machado le dedicó su poema Luz. Esta es la época de fuerte formación de Machado, le escribe Machado a Unamuno : "Usted con golpes de maza ha roto, la espesa costra de nuestra vanidad, de nuestra somnolencia...A usted debo el haber saltado la tapia de mi corral o de mi huerto...hay que soñar despierto. No debemos crearnos un mundo aparte...no debemos huir de la vida para forjarnos una vida mejor que sea estéril para los demás". Unamuno le decía al joven poeta : "Huya, sobre todo, del arte de arte, del arte de los artistas, hecho por ellos para ellos solos". Este rechazo de Unamuno por los profesionales de la poesía, junto con la influencia de Giner de los Ríos contribuyó a que el joven poeta se decidiese a trabajar para vivir y buscase una profesión, como el mismo don Miguel había hecho en su juventud.


2.     EL TEMA DE ESPAÑA EN UNAMUNO Y MACHADO
Unamuno y Machado sienten a España como un problema, y al hablar de España no se referían a una abstracción, sino a lo que verdaderamente la hace: sus gentes- con su carácter, su forma de vivir y obrar, sus pasiones -, la tierra en que viven y mueren, campos, ciudades.... No hay que perder de vista la educación de los Machado, familia liberal, una escuela que soñaba con el renacer a través de su historia, arte, paisajes, y de ahí nace su amor, sus Campos de Castilla, hundiendo el dedo en los problemas. En Unamuno ese es un aspecto que no hay que destacar: su obra es una apasionada meditación sobre España, y su impresionante concepto de la intrahistoria, frente a historia. Dice: "... los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del día... se levantan a una orden del sol, y van a sus campos a proseguir la silenciosa labor cotidiana y eterna...esa vida intrahistorica, silenciosa y continua...es la sustancia misma del progreso, la verdadera tradición eterna".
En Machado hay artículos desarrollando las ideas de En torno del Casticismo, donde critica los discursos patrióticos momentáneos y falsos: "Somos los hijos de una tierra pobre e ignorante, de una tierra donde todo está por hacer... Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y que se conserva solo por la cultura y el trabajo. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra... No es morir para defender esos pelados cascotes; ...es acudir con el árbol o la semilla, con la reja del arado o con el pico del minero a esos parajes sombríos y desolados donde la patria está por hacer".
Está siempre el hombre como preocupación máxima. Penetraban en el espíritu de la Tierra y en el de los hombres, recordemos que Machado aún con tinta modernista cantó a las buenas y malas gentes, halladas en veredas y caminos.
El hombre de la tierra, como llaman al campesino, al que cultiva el terruño en que vive, y lo trabaja de sol a sol, el protagonista de la intrahistoria. Los entienden profundamente, su esclavitud, su incultura, su ignorancia que les llevaba a cometer terribles crímenes, el mal reparto de las tierras. Este problema le hizo tomar parte a Unamuno de la política activa para tratar de solucionarlo, por ello aceptó ser diputado a Cortes. Dijo Machado que lloró con el poema de Unamuno: "Bienaventurados los pobres ", que habla de la emigración relacionada con el mal reparto de las tierras, el amargor de la casta y la envidia.
Otro tema frecuente es el señorito, la crítica hacia el señoritismo de una clase social española. Señorito es ese hombre del casino provinciano, Señorito es don Guido, cuyas características son la vaciedad, -sobretodo el vacío en la cabeza-, horror al trabajo, afición a matar el tiempo, -ya sea con las mujeres, con el juego, con los toros,...-, eso sí tradicionalmente católicos, y una total ausencia por cualquier asunto serio como por ejemplo los destinos de los seres humanos o de la patria. El señoritismo se complace en ignorar la insuperable dignidad del hombre, Unamuno y Machado, en cambio, la conocen y la afirman: "Nadie es más que nadie" dice Machado, "Nadie es más que nadie", por mucho que valga un ser humano, nunca tendrá un valor más alto que el de ser , precisamente esto, humano.
Los llamados escritores del 98 aman profundamente la tierra, el suelo sobre el cual el hombre vive. De ahí su interés por el paisaje. Ven la tierra que pisan, la que recorren en sus paseos y en sus excursiones; la descubren. Y tras, el descubrimiento, la van llenando de sentido, la convierten en un símbolo. El paisaje es una puerta hacia el alma. Ahí se enclavan las "Andanzas y visiones españolas" de Unamuno y las descripciones de paisajes de los poemas de Machado, como "A orillas del Duero".
¿Como es esa España soñada de Unamuno y Machado? Sería esa en la que el espíritu de don Quijote habría triunfado. Esta generación penetró a fondo en la figura del Quijote, y la convirtió en un mito histórico central, es el hombre español del futuro, decía Unamuno: "Grave, no pesimista, luchador, resignado, impávido ante el ridículo, hombre de voluntad, más espiritual que racional". De Machado sabemos que toda su vida hizo de la historia del hidalgo manchego uno de sus hijos predilectos: "¿cual es la ventaja de tener espíritu quijotesco?, algún día habrá que retar a los leones, con armas totalmente inadecuadas para luchar con ellos. Y hará falta un loco que intente la aventura. Un loco ejemplar". Suscribe Machado con entusiasmo la defensa unamuniana de la locura quijotesca: "Locos necesitamos, que siembren para no cosechar, cuerdos que talen el árbol para alcanzar el fruto, abundan, por desgracia".


3.     EL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA

Machado, durante los años sorianos conoció el amor. La presencia de Leonor en la pensión el segundo año de Antonio en Soria, cambia su vida. Él la miraba de lejos, no se atrevía a decirle nada, ella jugaba con otras adolescentes, tenía 15 años. Al cabo Leonor, le dice sí, y una mañana de finales de julio de 1909 voltean las campanas anunciando la boda. La boda, desde luego, desató comentarios mordaces, en el clima mezquino de la España de cerrado y sacristía.
Pero ellos eran felices. Pasan los días, los meses, Machadosigue escribiendo Campos de Castilla, de esa época es La Tierra de Alvargonzález. Y cumplen un sueño: se van a París. Y allí Leonor se pone enferma súbitamente el 14 de julio, París bulle en fiestas. Antonio, enloquecido recorre todo París sin encontrar un solo médico. Le pide dinero a Rubén Darío para volver a España.
Machado pasa los días a la cabecera de Leonor para tratar de salvarle la vida. Campos de Castilla sale a la prensa y le consagra como uno de los primeros poetas en lengua española. Unamuno, Azorín, Ortega , toda la crítica habla de él.
En estos momentos esperando el renacimiento de Leonor escribe el poema: A un olmo viejo, hendido por el rayo/ y en su mitad podrido,/con las lluvias de abril y el sol de mayo/ algunas hojas verdes le han salido..../ Mi corazón espera/ también hacia la luz, hacia la vida / otro milagro de la primavera.
El milagro no llegó. Llegó la muerte. Esa muerte que se siente injusta y brutal porque siega la existencia de alguien que comenzaba a vivir. Murió Leonor sin que Antonio desasiese su mano.

Unamuno le envia una carta de pésame: "Nosotros, que sabe cuando le queremos, pretendemos que de su mismo dolor saque energías.... El mejor sedante para las almas tristes está en que ellas miren de frente a su propia tristeza.", y eso hace, Antonio dice: Señor ya que me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

En algún momento de la vida, el hombre busca a Dios. Machado busca a "Dios entre la niebla", identifica a Dios con el Misterio, quiere asomarse al borde del abismo para contemplar el Misterio cara a cara. ¿Es Machado un hombre religioso?, Quizá..., sí, si entendemos como hombre religioso, no el que cree en una religión determinada, sino el que ha logrado buscar incansablemente a Dios, sea cual sea el resultado de su trabajo.
Este trasfondo está en Unamuno. En su ensayo "Mi religión" (1907) escribe: "Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva". Buscar la verdad significa ser sincero , y ser sincero no significa solamente no mentir sino decir la verdad y amarla. La verdad no es algo muerto, o puramente teórico, sino que en ella está la vida, y está en la Vida, la verdad es la que nos hace vivir. Unamuno llenó su vida de esa búsqueda, dice: "Lo mejor sería que no hiciéramos sino monologar, que es dialogar con Dios." Luego dirá Machado: converso con el hombre que siempre va conmigo/-quien habla solo espera hablar a Dios un día -.
Este individuo que va siempre con nosotros, somos nosotros mismos, y este individuo tiene un fin en la vida, que es hacerse un alma, un alma inmortal, un alma que es la propia obra interna y externa. De nada sirve modificar los ritmos externos, le dice en una carta a Machado, de nada sirve modificar los ritmos externos, si el interno, el espiritual, sigue siendo el mismo.
Unamuno reivindica enérgicamente la exigencia de no morir del todo: "No quiero morirme, no, no quiero, ni querré quererlo; quiero vivir siempre..." Este largo grito de afán cruza toda la vida de Unamuno y anima su obra entera. Y recuerda la esperanzada duda de Platón en el Fedón, cuando dice que es hermoso el riesgo de la inmortalidad del alma. Esta certidumbre salvadora y dulce, dice, nace del choque entre la razón que niega y el deseo que afirma.
Esa lucha es contra la nada. Tal es la agonía de Unamuno, hombre en lucha, en lucha consigo mismo, solitario, orador en el desierto, provocador, enemigo de la nada. Y de esta lucha, lanza un valor positivo que multitud de veces resume en la frase de Sénancour: "Si la nada es lo que nos está reservado, vivamos de forma que ello sea una injusticia". En él está la lucha y el optimismo, negándose a disertar sobre el peso del vacío, aunque sabe que es lo más nos pesa. Dice Machado: Todo hombre tiene dos/ batallas que pelear:/ en sueños lucha con dios;/ y despierto, con el mar. Idea indudablemente unamuniana.



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